Entre el orden y el caos. Una mirada a la literatura actual mexicana
Cuevas Velasco, Norma Angélica; Pavón, Alfredo (coords.). Narradores mexicanos del siglo XXI: (entre la entropía y la neguentropía), Xalapa, Veracruz: Universidad Veracruzana, 2024. 225 p. (Colección Biblioteca). ISBN 978-607-8969-29-6.
La primera tarea que tuve que realizar antes de entrar de lleno en las páginas de este libro, fue revisar el significado de una de las palabras clave del título: «neguentropía». No es un concepto sencillo ni forma parte del lenguaje cotidiano. De hecho, su antónimo «entropía», aunque más conocido, ya es muy difícil de definir. Sus implicaciones son múltiples, vinculadas a la física, a la biología, al modelo capitalista o a la teoría general de sistemas. Entre las derivas de esta búsqueda, una de definiciones que se repetía se relacionaba con la tendencia de los sistemas a buscar su propia subsistencia utilizando diferentes estrategias para equilibrar el desorden que la entropía produce en su interior.
Armado con esta nueva categoría fui al encuentro de los siete capítulos que componen el presente libro. Por supuesto, la idea de ordenar ha sido parte de los esfuerzos literarios desde que emergió la crítica como disciplina, o incluso antes, cuando se crearon las antologías, desde que se buscó instalar determinado canon o desde que se comenzó a impulsar la publicación de «colecciones». Por lo que podemos trazar una genealogía de la presente propuesta que nos conduzca a cómo se ha pensado este tipo de mecanismos que buscan organizar los diferentes devaneos escriturales a lo largo de la historia literaria mexicana. Es en este punto que quisiera detenerme en las siguientes líneas: cuáles son las estrategias que el libro en su conjunto nos presenta para buscar hacer inteligible un escenario caracterizado por su fragmentación y creciente complejidad.
En este sentido, uno de los primeros elementos que destaca se relaciona con la dispersión geográfica que nos presentan los diferentes capítulos. El centralismo tradicional de los estudios literarios se desvanece gracias al esfuerzo de los autores y las temáticas incluidas en este libro. Desde Chiapas hasta Tijuana, pasando por Veracruz o Guadalajara, observamos una literatura que ya no se desarrolla exclusivamente en la Ciudad de México. Al contrario, si algo marca las narraciones del siglo XX es su amplio despliegue territorial. Fernanda Melchor escribiendo desde Veracruz, Sylvia Arvizu desde la cárcel en Sonora o Heriberto Yépez desarrollando su labor desde Tijuana, son sólo unos ejemplos de cómo la cartografía que nos presenta el presente libro se despliega a lo largo y ancho de país.
Por supuesto, esta apuesta se vincula directamente con las problemáticas abordadas. Aquí podemos detenernos en una segunda propuesta específica que se desenvuelve a partir del libro. Si la actual sobreproducción de literatura ha implicado una ampliación inagotable de temáticas, a través del texto se genera una delimitación que hace inteligible los procesos del campo literario en el México del siglo XXI. La migración, la violencia, la sexualidad, la corrupción, se sostienen ineludiblemente como tropos dominantes en este período. Aunque también encontramos espacio para elementos que Raymond Williams denominaría como residuales o emergentes, pero que no por ello son menos importantes, como la familia, las condiciones sociales, la constitución de los individuos en contextos de fragmentación identitaria.
Una tercera estrategia que me parece relevante mencionar, se vincula con la centralidad de lo que se denomina «hibridismo genérico». Por supuesto, el desborde de los límites de cada género no es una novedad en la literatura mexicana, aunque pareciera transformarse en un punto de partida para los escritores actuales. De ese modo, las categorizaciones relacionadas con esta variable se vuelven difusas. La literatura se mueve en márgenes que se van reconstruyendo cada vez que el escritor desarrolla su labor. De ese modo, el presente libro en su búsqueda por entregarnos una mirada coherente de este proceso rescata precisamente aquellas prácticas donde la hibridez actúa como parte medular de la narración y no como mero ejercicio estilístico.
Hay un tema que no está en discusión a lo largo de los capítulos que me parece debería entrar en juego para comprender mejor la literatura mexicana actual. Los narradores retomados evidentemente han publicado su obra en estas dos décadas y media de la presente centuria. Sin embargo, muchos también lo hicieron en el siglo pasado. Sólo por mencionar uno, que ocupa un capítulo del presente volumen, Mauricio Molina quien nació en 1959, comenzó a publicar sus textos en la década de 1980. De ese modo, hasta qué punto deberíamos buscar algunas categorías específicas para hablar de aquellas y aquellos narradores mexicanos que se encuentran precisamente en este tránsito de ambos siglos. Los procesos literarios e históricos, así como sus experiencias de vida o generacionales, tienen ciertas particularidades que nos exigen hacer algunos matices.
Finalmente, el presente libro nos construye una mirada panorámica a una literatura que se desarrolla en medio de la creciente monopolización del mercado editorial, de la restricción cada vez mayor de los fondos gubernamentales para los creadores, y al mismo tiempo, de la proliferación de las editoriales independientes o de circuitos de comercialización alternativos. Las innumerables contradicciones y ambigüedades de nuestro actual campo literario cruzan cada uno de los capítulos, y sin negar estas condiciones que abonan tanto a la entropía como a la neguentropía, el libro logra presentarnos un esbozo de las tendencias, problemas y logros de estos narradores.
Profesor investigador
El Colegio Mexiquense
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