{"id":3199,"date":"2016-09-29T05:27:05","date_gmt":"2016-09-29T03:27:05","guid":{"rendered":"https:\/\/fima.ub.edu\/edl\/tocar-y-amar-a-los-libros\/"},"modified":"2026-03-04T14:16:31","modified_gmt":"2026-03-04T13:16:31","slug":"tocar-y-amar-a-los-libros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fima.ub.edu\/edl\/tocar-y-amar-a-los-libros\/","title":{"rendered":"Tocar y amar a los libros"},"content":{"rendered":"<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px; font-family: Arial, Verdana, sans-serif;\"><a href=\"http:\/\/forcolaediciones.com\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" class=\"drupal-import-img\" alt=\"\" src=\"\/edl\/wp-content\/inici_blog_EdL\/2016\/ressenyes\/coberta_tocar_libros.jpg\" style=\"width: 150px; height: 222px; border-width: 0px; border-style: solid; margin-left: 5px; margin-right: 5px; float: left;\" \/><\/a>Marchamalo, Jes\u00fas. <\/span><em style=\"font-size: 14px; font-family: Arial, Verdana, sans-serif;\">Tocar los libros.<\/em><span style=\"font-size: 14px; font-family: Arial, Verdana, sans-serif;\"> Nueva ed. ampl. Pr\u00f3l., Luis Mateo D\u00edez; ep\u00edlogo, Javier Jim\u00e9nez. Madrid: F\u00f3rcola, 2016. 121 p., [4] f. de l\u00e0m. col. (Singladuras; 20). ISBN 978-84-16247-68-4. 9,50 \u20ac.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Teiichi Sato, un vendedor de semillas que lo perdi\u00f3 todo en el terrible tsunami de Fukushima del 11 de marzo de 2011 dice en una entrevista:&nbsp;<\/span><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a><span style=\"font-size: 14px;\">\u00abUstedes, los espa\u00f1oles, tienen mucha suerte\u00bb<\/span><em style=\"font-size: 14px;\">. <\/em><span style=\"font-size: 14px;\">Y, ante la extra\u00f1eza de la entrevistadora, contin\u00faa: \u00abSe tocan. Se abrazan\u00bb<\/span><em style=\"font-size: 14px;\">.<\/em><span style=\"font-size: 14px;\"> Cuando, inmediatamente despu\u00e9s de leer la entrevista, encuentro en mi buz\u00f3n la nueva edici\u00f3n de la obra de Jes\u00fas Marchamalo <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Tocar los libros<\/em><span style=\"font-size: 14px;\">, pienso que tambi\u00e9n tenemos suerte de poder tocar los libros. Esta suerte, afortunadamente, es universal, no privativa de los espa\u00f1oles.<\/span><\/p>\n<p><!--break--><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Jes\u00fas Marchamalo (Madrid, 1960) es un periodista bien conocido, que ha trabajado en las secciones culturales de diferentes medios de comunicaci\u00f3n \u2013prensa escrita, radio y televisi\u00f3n\u2013 y actualmente mantiene, adem\u00e1s, un blog,&nbsp;<a href=\"http:\/\/jmarchamalo.blogspot.com.es\/\" target=\"_blank\"><em>El don de la impaciencia<\/em><\/a><\/span><span style=\"font-size: 14px;\">. Ha<\/span><span style=\"font-size: 14px;\">&nbsp;recibido diversos premios, como el \u00cdcaro de Periodismo en 1998, el Grand Prix International URTI de la Radio en&nbsp;1990, el Premio Montecarlo de Radio en M\u00f3naco en 1992 y el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes en 1999; adem\u00e1s, recibi\u00f3 el 3er premio Barahona Soto de teatro infantil por <em>Un cuento encantado<\/em>, en 1982.<\/span><span style=\"font-size: 14px;\">&nbsp;<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Ha escrito diversas obras, muchas de ellas sobre libros y escritores, de las que destacan <em>La tienda de las palabras<\/em>, <em>39 escritores y medio<\/em>, <em>Las bibliotecas perdidas<\/em>, <em>44 escritores de la literatura universal<\/em>, <em>Donde se guardan los libros<\/em>, <em>Retrato de baraja con abrigo<\/em>, <em>Kafka con sombrero, Cort\u00e1zar y los libros <\/em>y<em> Las bibliotecas perdidas<\/em>. Es autor tambi\u00e9n de <em>Manual ilustrado de copia y chuletaje<\/em>, <em>T\u00e9cnicas de comunicaci\u00f3n en radio<\/em>, <em>La venganza, el placer de la justicia salvaje<\/em>, <em>Bocadillos de delf\u00edn, anuncios y vida cotidiana en la posguerra espa\u00f1ola,<\/em> y <em>La tienda de palabras<\/em>.<\/span><span style=\"font-size: 14px;\">&nbsp;<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">En el a\u00f1o 2012 don\u00f3 su documentaci\u00f3n relacionada con la producci\u00f3n literaria \u2013pruebas de correcciones, blocs de notas, manuscritos originales, dibujos, notas de campo\u2013 a la Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a.<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Su obra <em>Tocar los libros<\/em>, objeto de esta rese\u00f1a, tambi\u00e9n trata de libros, de los libros respecto a algunos de sus propietarios o de los propietarios respecto a sus libros, pues es dif\u00edcil hablar de los libros sin hablar de sus propietarios y hablar de los libros ense\u00f1a mucho de sus propietarios, y conociendo los libros que \u00e9stos poseen y leen es f\u00e1cil intuir algunas de sus caracter\u00edsticas personales e intelectuales.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Un pr\u00f3logo de Luis Mateo D\u00edez, titulado \u00abTalism\u00e1n 2\u00bb, y un ep\u00edlogo de Javier Jim\u00e9nez, titulado \u00abEditar a Jes\u00fas Marchamalo\u00bb, enmarcan la nueva edici\u00f3n, la cuarta en espa\u00f1ol, de <em>Tocar los libros<\/em>, obra tan amena como a la vez interesante y curiosa y con un n\u00famero de p\u00e1ginas que, si bien la hacen perfectamente manejable, se agradecer\u00eda que fueran m\u00e1s. Antes del pr\u00f3logo hay un breve escrito, \u00abSegunda apolog\u00eda de <em>Tocar los libros<\/em>\u00bb<em>.&nbsp;<\/em>El cuerpo de la obra lo forman cuatro grandes apartados con t\u00edtulos ciertamente llamativos \u2013\u00abEl orden y el concierto\u00bb, \u00abC\u00f3mo deshacerse de quinientos libros\u00bb, \u00abUn libro cada treinta segundos\u00bb y \u00abLibros esguardamillados\u00bb\u2013 que siguen a una larga introducci\u00f3n, que aqu\u00ed se titula \u00abA modo de inicio\u00bb, sobre algunos autores. Un \u00edndice onom\u00e1stico concluye la obra.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><strong style=\"font-size: 14px;\">Segunda apolog\u00eda de Tocar los libros<\/strong><br \/>\n<span style=\"font-size:14px;\">El autor comienza dando las gracias a todos cuantos han tenido algo que ver con esta obra en las cuatro ediciones, la que m\u00e1s tiene que ver con \u00e9l, con sus libros y con sus lecturas; va de los editores hasta los lectores, que con su opini\u00f3n favorable lo han dado a conocer y pasa por quienes han prestado fotograf\u00edas o han le\u00eddo el manuscrito.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>Pr\u00f3logo Talism\u00e1n 2<\/strong><br \/>\nLuis Mateo D\u00edez recuerda el ingenioso recurso de regalar libros en blanco que tanto \u00e9l como Jes\u00fas Marchamalo emplean y que produce efectos diferentes seg\u00fan quien sea, no el receptor sino el donante.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>A modo de inicio<\/strong> <a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a><br \/>\nEl autor ha contado recientemente sus libros, calculando su n\u00famero por el espacio que ocupan en las estanter\u00edas, y llegando a la conclusi\u00f3n que posee 1.000 vol\u00famenes, no libros o ejemplares. O quiz\u00e1 1.000 t\u00edtulos. No todos los ha le\u00eddo y le parece que no est\u00e1 justificado que algunos formen parte de su biblioteca. Estos dos hechos son comunes a cualquier persona y pone ejemplos de hombres ilustres por su cultura que tienen numerosos libros sobre temas lejanos a sus especialidades conocidas y que resulta chocante saber la raz\u00f3n por la que los guardan en sus bibliotecas. As\u00ed, Walter Benjamin ten\u00eda cuentos de hadas, Pedro Salinas guardaba tratados de urbanidad, Vicente Aleixandre contaba con un n\u00famero importante de novelas polic\u00edacas, Anne Fadiman tiene debilidad por los libros sobre exploraciones ant\u00e1rticas y Laurence Sterne coleccionaba libros sobre temas tan alejados entre s\u00ed como las fortificaciones o la obstetricia. Jes\u00fas Marchamalo confiesa que tiene, desde no sabe cu\u00e1ndo, libros sobre m\u00e9todos de franc\u00e9s y sobre piratas. Quien esto escribe tambi\u00e9n tiene sus libros inesperados: un n\u00famero no peque\u00f1o de obras sobre monasterios espa\u00f1oles, aunque esto a nadie interesa\u2026<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Si, como alguien dice, y con l\u00f3gica, que las bibliotecas definen a sus due\u00f1os, c\u00f3mo deb\u00eda ser y d\u00f3nde deb\u00eda estar la biblioteca del polifac\u00e9tico esp\u00eda Richard F. Burton que afirm\u00f3 \u00abEl hogar es el lugar donde se guardan los libros\u00bb. La gran Marguerite Yourcenar afirm\u00f3 que reconstruir la biblioteca de una persona es una de las formas m\u00e1s id\u00f3neas de informarnos de c\u00f3mo es. Los libros, seg\u00fan Jes\u00fas Marchamalo, hablan no solo de los lectores que somos o fuimos en su momento sino de lo que quisimos ser.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Las casas habitadas, en la mayor\u00eda de los casos, no pueden albergar todos los libros, y no se pueden ampliar en funci\u00f3n de los libros que deben acoger, pues \u00e9stos se multiplican con una rapidez incre\u00edble y, cual esporas que encuentran el medio adecuado, colonizan toda la casa, hasta el punto de hacerla inhabitable. La lucha contra estos invasores adopta formas variadas: Fernando Arrabal se rinde y, prisionero de sus libros, permanece en su piso parisino, aunque desear\u00eda mudarse; Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna abandonaba a sus libros y a su casa cuando \u00e9stos ya la hab\u00edan tomado; Gast\u00f3n Baquero conviv\u00eda con sus libros en medio de un caos que solo \u00e9l pod\u00eda controlar, y finalmente Jos\u00e9 \u00c1ngel Vaquero y muchos otros expulsan a sus libros don\u00e1ndolos a instituciones culturales, que no siempre los aceptan de buena gana, seguramente tambi\u00e9n por falta de espacio.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>El orden y el concierto<\/strong><br \/>\nEste t\u00edtulo alude a las posibilidades y formas de organizar los libros y lo que ellas pueden decir de quien las aplica, a pesar de la clara resistencia que los propios libros oponen a ser organizados. Los libros tienen una habitaci\u00f3n propia en las casas acomodadas solo a partir del siglo XVI y en todas \u2013o casi\u2013 a partir del XVIII; sus propietarios son solo de dos tipos: los que los mantienen ordenados y los que los dejan campar por sus respetos, o mejor por toda la casa. El desorden, a menudo, impide localizar los libros y obliga incluso a comprarlos de nuevo si se necesitan con urgencia, como confiesa Fernando Savater que le ha ocurrido. Quienes quieren tener sus libros ordenados siguen el alfabeto o la cronolog\u00eda, aunque con variantes; Susan Sontag no toleraba que las obras de Plat\u00f3n estuvieran junto a las de Thomas Pynchon; y Juan Carlos Onetti dej\u00f3 en manos de una ni\u00f1a de 12 o 13 a\u00f1os, que hab\u00eda probado que conoc\u00eda el alfabeto, la tarea de ordenar su biblioteca y se encontr\u00f3 sus libros ordenados por los nombres de los autores, no por los apellidos.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">No le parece a Jes\u00fas Marchamalo que el criterio alfab\u00e9tico tenga mucha l\u00f3gica y se inclina por el cronol\u00f3gico, aunque seguirlo le lleva a colocar juntos autores que en vida tuvieron una relaci\u00f3n poco amigable como Quevedo y G\u00f3ngora o Vargas Llosa y Garc\u00eda M\u00e1rquez. El orden cronol\u00f3gico presenta, adem\u00e1s, el peque\u00f1o inconveniente de que hay que conocer las fechas de nacimiento de los autores. F\u00e9lix de Az\u00faa y Javier Mar\u00edas, que utilizan este m\u00e9todo, escriben en el dorso de cada libro la fecha de nacimiento de su autor. Jos\u00e9 Lezama Lima organizaba su biblioteca por editoriales. Gonzalo Torrente Ballester segu\u00eda m\u00e1s de un criterio y solo \u00e9l era capaz de hallar los libros. Jes\u00fas Ferrero los ordena por tres \u00e1mbitos culturales: libros occidentales, libros orientales y libros ap\u00e1tridas. Jos\u00e9 Ortega y Gasset, cuya biblioteca estaba formada por 15.000 libros, ten\u00eda un sistema que permit\u00eda que, cuando \u00e9l se hallaba lejos, cualquier persona localizara un libro siguiendo sus indicaciones por tel\u00e9fono.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Jes\u00fas Marchamalo cree que ordenar los libros siempre es problem\u00e1tico y parece estar de acuerdo con Azor\u00edn que afirmaba que hay que desconfiar de quienes tienen sus bibliotecas ordenadas. Para que lo est\u00e9n, solo ve la posibilidad de que se pague por ordenarlas y mantener el orden establecido; es lo que hizo la emperatriz Catalina la Grande, que compr\u00f3 la biblioteca de Diderot, con el compromiso de que \u00e9l mismo se ocupara de ella; de hecho el enciclopedista fue invitado a San Petersburgo y all\u00ed permaneci\u00f3 durante algunos meses.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>C\u00f3mo deshacerse de 500 libros<\/strong><br \/>\nLa falta de espacio obliga a deshacerse de libros y as\u00ed Hermann Hesse decidi\u00f3 mantener un n\u00famero fijo de libros en su biblioteca, por lo que si un libro entraba, sal\u00eda otro; los que sal\u00edan hab\u00edan respondido afirmativamente a estas cuatro preguntas: \u00bflo necesitas?, \u00bflo quieres?, \u00bflo volver\u00e1s a leer? y \u00bfsentir\u00e1s perderlo? Hans Magnus Enzensberger tambi\u00e9n prescinde de un libro antes de permitir que otro entre en su casa. \u00bfCu\u00e1l es el n\u00famero ideal de libros de una biblioteca dom\u00e9stica? Georges Perec propuso 343, aunque sin especificar si se refer\u00eda a vol\u00famenes o a t\u00edtulos, pues un t\u00edtulo puede comprender m\u00e1s de un volumen y un volumen puede incluir m\u00e1s de un t\u00edtulo. \u00bfQu\u00e9 sentido tienen esas estanter\u00edas atiborradas de libros rebozados de polvo, colocados en doble fila, cruzados, traspapelados?, \u00bfpara qu\u00e9 conservar aquello que no volveremos a leer, que nunca volveremos a necesitar?<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Los libros denotan autoridad cultural y dan prestigio a sus poseedores, y una biblioteca voluminosa es causa de admiraci\u00f3n y extra\u00f1eza ante la posibilidad de que su propietario haya le\u00eddo todos los libros que la componen. Los libros, adem\u00e1s, son un elemento decorativo y son llamativos los casos de Catalina de Rusia y de muchos arist\u00f3cratas de ese pa\u00eds que exhib\u00edan multitud de libros con bell\u00edsimas encuadernaciones pero totalmente anodinos por su contenido. Salvando las distancias puede pensarse tambi\u00e9n en los despachos de profesionales prestigiosos cuyas estanter\u00edas est\u00e1n decoradas con libros de tan escaso inter\u00e9s como frecuencia de consulta.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Puede tenerse apego a los libros que han representado algo en la vida. As\u00ed, Luis Mateo D\u00edez no devolvi\u00f3 <em>El llano en llamas<\/em> a la biblioteca que se lo prest\u00f3 hasta que tuvo su propio ejemplar de este t\u00edtulo. Caso extraordinario de amor a los libros es el poeta Rainer Maria Rilke que, enfermo de leucemia, pas\u00f3 sus \u00faltimos d\u00edas leyendo y pensando en el poder curativo de la lectura. Otros autores tambi\u00e9n han encontrado un gran consuelo en la lectura en situaciones dif\u00edciles: es el caso de Joseph Brodsky mientras estaba prisionero en Siberia, de Reinaldo Arenas que le\u00eda en una c\u00e1rcel castrista <em>La Eneida<\/em>, de Miguel de Unamuno que llev\u00f3 al destierro en su exiguo equipaje <em>La divina comedia, <\/em>o de Zo\u00e9 Vald\u00e9s que, a cambio de tres latas de leche condensada, tuvo en pr\u00e9stamo <em>Tres tristes tigres <\/em>de Guillermo Cabrera Infante y lo copi\u00f3 a mano.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Realmente los libros que se necesitan son pocos y muchos grandes autores tuvieron al final de su vida muy pocos libros. As\u00ed, la biblioteca de Carlos Bouso\u00f1o no ten\u00eda m\u00e1s de 2000 obras, la del grand\u00edsimo Jorge Luis Borges no llegaba a los 3000 y Eduardo Mendoza no tiene m\u00e1s de 200 libros; un caso extremo constituye el grand\u00edsimo poeta Salvador Espriu que solo conservaba los libros que necesitaba y una vez usados los regalaba, o Emil Cioran que no ten\u00eda libros y cuando los necesitaba los ped\u00eda en pr\u00e9stamo a una biblioteca municipal de Par\u00eds.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">\u00bfPara qu\u00e9 guardar los libros? A nuestros herederos probablemente no les interesar\u00e1n como objetos valiosos, pues desde que naci\u00f3 el libro de bolsillo, no lo son; ni tampoco les interesar\u00e1 el contenido, pues f\u00e1cilmente y de inmediato lo hallar\u00e1n en Internet. Jes\u00fas Marchamalo se pregunta la raz\u00f3n que hace que sea tan dif\u00edcil desprenderse de los libros y no de cualquier otra cosa, aunque sea valiosa; igualmente es dif\u00edcil que entidades culturales o ben\u00e9ficas acepten donaciones de libros. De hecho deshacerse de libros puede resultar imposible. En algunos casos es por el respeto religioso que su contenido inspira. Seg\u00fan cuenta Salman Rushdie, en Bombay se besaban los libros sagrados, pero en su casa besaban los libros, sagrados o no.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">La generaci\u00f3n actual, como las anteriores, tiene algo que todav\u00eda le impide tirar, quemar o romper libros a pesar de que muchos de ellos lo merecer\u00edan. Jos\u00e9 Luis Monreal, propietario del grupo Oc\u00e9ano, tard\u00f3 muchos a\u00f1os en poder desprenderse de libros, pero cuando super\u00f3 esta impotencia experimentaba placer al hacerlo e incluso lo hac\u00eda con un poco de sadismo, pues antes de tirarlos los romp\u00eda en pedacitos. Tambi\u00e9n ten\u00eda su parte de sadismo el incomparable Francisco Umbral, que arrojaba los libros a la piscina y los dejaba flotar durante d\u00edas, cual cad\u00e1veres hinchados, igual que hac\u00edan lo compa\u00f1eros de Pinocho, pero en el mar. Joseph Joubert ten\u00eda tambi\u00e9n una costumbre extra\u00f1a: arrancaba las hojas que no le gustaban.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Hombres de letras y escritores conocidos se deshacen de sus libros de forma imaginativa. Mario Muchnik los dejaba en un sof\u00e1 a la entrada de su casa para que sus visitantes se los llevaran. Jes\u00fas Landero los abandonaba en una plaza pr\u00f3xima a su casa para que los transe\u00fantes los cogieran. Javier P\u00e9rez Reverte los colocaba sobre una mesa del s\u00f3tano de su casa; Francisco Pina los tiraba a la basura; Javier Mar\u00edas se los regalaba al portero de su padre. Alfredo Bryce Echenique, tras leer el ensayo de Augusto Monterroso&nbsp;<em>C\u00f3mo me deshice de quinientos libros, <\/em>decidi\u00f3 deshacerse de este n\u00famero de libros cada vez que hiciera una mudanza y as\u00ed pudo desprenderse de 2000 libros aprovechando los cuatro cambios sucesivos de domicilio que hizo a Par\u00eds, Barcelona, Montpellier y Madrid. Enrique Vila-Matas arroj\u00f3 sus libros a los contenedores de basura en una noche de lluvia torrencial, como si el cielo reprobara esta acci\u00f3n. El genial director de <em>Amanece, que no es poco<\/em>, Jos\u00e9 Luis Cuerda, se deshizo por completo de tres bibliotecas regalando o tirando los libros.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Una manera cruel y premeditada de deshacerse de los libros fue la que sufrieron los de la Casa de los Jesuitas de Bruselas tras la disoluci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda; fueron llevados a la Biblioteca Real Belga, pero como \u00e9sta carec\u00eda de espacio, se depositaron en una iglesia abandonada colocando los m\u00e1s valiosos en el centro y, a su alrededor, para que los protegieran de los ratones, los que consideraban prescindibles.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>Un libro cada treinta segundos<\/strong><br \/>\nGiuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de <em>El gatopardo<\/em>, defend\u00eda que hay que leer tambi\u00e9n libros malos y Juan Rulfo recomendaba, de manera inexplicable, libros malos. Un momento terrible es la disyuntiva de seguir o abandonar definitivamente un libro del que se han le\u00eddo un centenar de p\u00e1ginas. Muchos libros nunca se han comenzado y se conservan intonsos en las bibliotecas; esto hace que algunos de ellos sean aut\u00e9nticos tesoros para los coleccionistas, aunque de imposible adquisici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Los libros, igual que las personas, necesitan su tiempo, el momento apropiado para ser le\u00eddos aunque, en ocasiones, ese momento no se encuentra o, si se encuentra, se pierde. As\u00ed por ejemplo, un diario pregunt\u00f3 a diez conocidos escritores si no hab\u00edan sido capaces de acabar alg\u00fan libro. De acuerdo con las respuestas, obras important\u00edsimas hab\u00edan sido abandonadas: <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Doktor Faustus<\/em><span style=\"font-size: 14px;\"> de Tomas Mann, <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">La divina comedia<\/em><span style=\"font-size: 14px;\"> de Dante Alighieri, <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Paradiso<\/em><span style=\"font-size: 14px;\"> de Jos\u00e9 Lezama Lima, <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Bajo el volc\u00e1n<\/em><span style=\"font-size: 14px;\"> de Malcolm Lowry, <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Volver\u00e1s a Regi\u00f3n<\/em><span style=\"font-size: 14px;\"> de Juan Benet o <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Mazurca para dos muertos<\/em><span style=\"font-size: 14px;\"> de Camilo Jos\u00e9 Cela. Muchos autores, entre ellos Jes\u00fas Marchamalo, suelen leer m\u00e1s de un libro a la vez y tambi\u00e9n escribir m\u00e1s de un libro simult\u00e1neamente.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Respecto a los libros dedicados, de los que el autor tiene un buen n\u00famero, hay de dos tipos: los dedicados por amigos y los dedicados por autores a quienes no se conoce; los primeros suelen tener dedicatorias personales y cari\u00f1osas, y los segundos llevan una frase impersonal y amable. A menudo, detr\u00e1s de las dedicatorias, hay an\u00e9cdotas e historias interesantes e incluso enternecedoras, y siempre constituyen un v\u00ednculo entre el escritor y el lector; v\u00ednculo que se traiciona cuando el lector se deshace del libro dedicado.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">La forma de leer es diferente y puede hacerse tumbado, sentado, en un lugar tranquilo o en uno bullicioso; la forma de leer es personal, como lo es la relaci\u00f3n del lector con su libro, una relaci\u00f3n que es siempre placentera y enriquecedora para el lector y generosa por parte del libro, pues si en un momento \u00e9ste no gusta, se abandona sin m\u00e1s, sin que se queje. En los libros quedan huellas de la relaci\u00f3n: el nombre del propietario, anotaciones marginales, l\u00edneas subrayadas, exlibris y diversos objetos dejados, como peque\u00f1os trozos de papel o flores prensadas; tambi\u00e9n quedan en los libros da\u00f1os causados por el hombre, por los insectos y por las condiciones naturales adversas. La relaci\u00f3n con los libros, en general, suele ser buena, y Jes\u00fas Marchamalo indica que en el pasado, al usarlos ten\u00eda sumo cuidado, pero ahora ya no tiene tantos miramientos.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>Libros esguardamillados<\/strong><br \/>\nLos libros son objetos que proporcionan sensaciones \u00fanicas que se recuerdan a lo largo del tiempo. Como los libros, el mundo de la edici\u00f3n despierta inter\u00e9s en much\u00edsimos escritores que llegan incluso a imprimir sus obras: as\u00ed lo hicieron Walt Whitman, Georges Duhamel, Ernesto Gim\u00e9nez Caballero o Jos\u00e9 Bergam\u00edn, por citar solo algunos.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Jes\u00fas Marchamalo, siempre interesado en las bibliotecas de los escritores, explica c\u00f3mo son las de algunos muy conocidos: Clara Jan\u00e9s, Elvira Lindo y Antonio Mu\u00f1oz Molina o Bernardo Atxaga. En las bibliotecas ajenas encuentra explicaci\u00f3n y justificaci\u00f3n de la suya; se confiesa mani\u00e1tico de los libros en general aunque su relaci\u00f3n con ellos ha ido cambiando y todo el cuidado que antes pon\u00eda en ellos ha dado paso a la comodidad mientras lee. Algunos autores, con toda raz\u00f3n, se enfadan cuando les devuelven los libros en malas condiciones, esguardamillados, seg\u00fan D\u00e1maso Alonso. \u00a1Qu\u00e9 palabra tan expresiva!<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">El autor de <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Tocar los libros<\/em><span style=\"font-size: 14px;\">, como amante de los libros antiguos, visita librer\u00edas de ocasi\u00f3n en busca de tesoros ocultos que los libreros ignoran que poseen y en los que se pueda entrever alg\u00fan detalle de la vida pasada de sus propietarios a causa, en parte, de los objetos que pueden haber olvidado en ellos: peque\u00f1as notas sobre cualquier tema, billetes de transporte, plantas secas o billetes de curso legal, entre los m\u00e1s frecuentes.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Los billetes de curso legal antiguos se encuentran con mucha frecuencia entre las hojas de los libros y, aunque parece que se colocaban para protegerlos, a menudo han quedado all\u00ed, olvidados y perdidos; algo as\u00ed parece que le ocurri\u00f3 a Julio Cort\u00e1zar, que guardaba billetes en los libros que, cuando la biblioteca del escritor lleg\u00f3 a la Biblioteca Juan March, encontraron los bibliotecarios.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Uno de los debates recurrentes es la conveniencia de subrayar lo que interese o poner comentarios marginales y si debe usarse para ello el bol\u00edgrafo o el l\u00e1piz. Jes\u00fas Marchamalo, como cualquiera de su generaci\u00f3n o de generaciones anteriores, no subraya los libros y, en las pocas ocasiones que lo hace, emplea el l\u00e1piz y la marca que deja es casi imperceptible. Hay otros autores que s\u00ed que lo hacen e incluso de manera compulsiva; as\u00ed George Steiner consideraba que no se pod\u00eda leer un libro sin un l\u00e1piz en la mano o Julio Cort\u00e1zar, que llenaba los libros de notas o comentarios a l\u00e1piz, pluma o rotulador. Algunos autores cuyos textos se imprimieron con erratas, tienen la paciencia de corregir algunos ejemplares; es lo que hizo Andr\u00e9s Berlanga o Pedro Salinas con sus poemas salidos de la imprenta Altolaguirre.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Un apartado especial merecen los autores que perdieron sus libros durante las guerras, principalmente durante la Guerra Civil (1936-1939). Pedro Salinas, en julio de 1936 cerr\u00f3 su casa y se dirigi\u00f3 a Santander para cumplir sus funciones de secretario de la Universidad de Verano; cuando pudo volver a su domicilio, vio c\u00f3mo gran parte de sus cuadros, muebles, libros y papeles hab\u00edan desaparecido. Igual suerte corrieron los libros de Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna, que sali\u00f3 de Espa\u00f1a hacia Buenos Aires; dej\u00f3 su casa cerrada con todas sus pertenencias dentro, libros incluidos, y entreg\u00f3 la llave al portero al tiempo que le dec\u00eda: \u00abEspere diecisiete d\u00edas, y haga lo que quiera con lo que queda\u00bb. Antonio Machado, en su viaje al exilio, perdi\u00f3 una maletita en la que hab\u00eda guardado sus libros y papeles; hay que recordar que en este triste viaje tambi\u00e9n \u00e9l y su madre perdieron su vida. Vicente Aleixandre, que viv\u00eda en su chalet de la calle Velintonia, convertida pronto en frente de guerra, solo pudo recuperar tres o cuatro libros cuando, acompa\u00f1ado por Miguel Hern\u00e1ndez y provistos de un carrito, volvi\u00f3 a la casa para llevarse lo que hubiera quedado.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Y si el fuego inmisericorde de la guerra ha quemado millones de libros, tambi\u00e9n algunos autores han quemado su obra o una parte de ella intencionadamente o por accidentes mientras fumaban. Joseph Conrad, Mijail Nabokov, Gonzalo Torrente Ballester y muchos otros destruyeron intencionadamente sus libros. El fuego accidental en domicilios particulares tambi\u00e9n se ha llevado bibliotecas importantes como la de Aldous Huxley en 1961 y la de Octavio Paz en 1966; \u00e9ste no se recuper\u00f3 nunca de semejante desastre que se llev\u00f3 tambi\u00e9n recuerdos tangibles y sensaciones pasadas.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>Ep\u00edlogo. Editar a Javier Marchamalo, por Javier Jim\u00e9nez<\/strong><br \/>\nJavier Jim\u00e9nez aplica a esta nueva edici\u00f3n de <em>Tocar los libros<\/em> la Ley de la conservaci\u00f3n de la materia de Mija\u00edl Lomon\u00f3sov y Antoine Lavoisier, que dice: \u00abLa materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma\u00bb; y lo hace porque es solo una transformaci\u00f3n que mantiene intacta el alma que ya ten\u00eda en las ediciones anteriores: la de 2004 hecha por el Centro de Profesores y Recursos de Cuenca, la de 2008 a cargo del CSIC y las reediciones con ligeras modificaciones de 2010 y 2011 editadas por F\u00f3rcola.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>Vivat Academia<\/strong><br \/>\nEsta peque\u00f1a obra no ha dejado de venderse y su presencia en la biblioteca de cualquier amante de los libros es casi obligada. Seg\u00fan Luis Mateo D\u00edez \u00abUn librito que tiene mucho de breviario, donde se condensa con su estilo intenso, destilado, con un tono l\u00edrico y a veces hasta eleg\u00edaco, todo lo que se puede decir con sentido de amor a los libros\u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>Libros y amistad<\/strong><br \/>\nLos libros y la amistad acompa\u00f1an al autor de esta obra y a su editor, que comparte lecturas y amigos; gracias a Jes\u00fas Marchamalo, conoci\u00f3 Javier Jim\u00e9nez a Pedro \u00c1lvarez de Miranda, acad\u00e9mico bibliotecario de la Real Academia Espa\u00f1ola, y gracias a \u00e9ste pudo visitar esta instituci\u00f3n; la visita a la Biblioteca acad\u00e9mica le proporcion\u00f3 una profunda emoci\u00f3n y en ella pudo admirar adem\u00e1s las bibliotecas personales de D\u00e1maso Alonso y de Antonio Rodr\u00edguez Mo\u00f1ino y tambi\u00e9n algunos objetos maravillosos, como el enorme atril donde se hallan expuestas las diferentes ediciones del Diccionario de la Academia. Gracias a Jes\u00fas Marchamalo, Javier Jim\u00e9nez conoci\u00f3 tambi\u00e9n al gran bibli\u00f3mano Manuel Melero con quien comparte la virtud de la pasi\u00f3n por los libros que no tiene otros l\u00edmites que los de las estanter\u00edas que los acogen.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\"><strong>Sellos, monedas y soldados de plomo<\/strong><br \/>\nRamon Miquel i Planas, ilustre bibli\u00f3filo catal\u00e1n, y Javier Jim\u00e9nez, que le conoci\u00f3 gracias a Jos\u00e9 Luis Melero, comparten su amor por los libros con el que experimentan por otros objetos: las monedas y las pinturas, en el caso de Ram\u00f3n Miquel i Planas, y las postales sobre escritores o los billetes con la efigie de escritores, en el caso de Javier Jim\u00e9nez. Los libros son, sin embargo, uno de los objetos m\u00e1s preciados y valorados, m\u00e1s que otros objetos de un valor econ\u00f3mico m\u00e1s elevado. Prueba de ello son las fotograf\u00edas numeros\u00edsimas en las que hombres ilustres aparecen ante estanter\u00edas plenas de libros.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size: 14px;\">Finalmente solo indicar la satisfacci\u00f3n que me ha producido leer atentamente esta obra, conocer las vicisitudes de autores y libros y las relaciones que se establecen entre ellos. La obra <\/span><em style=\"font-size: 14px;\">Tocar los libros, <\/em><span style=\"font-size: 14px;\">tan atractiva como personal, resulta amena, instructiva y curiosa y leerla resulta un placer.<\/span><\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><span style=\"font-size:14px;\">Mar\u00eda Elvira y Silleras<br \/>\nmariaelvira@ub.edu<br \/>\nProfesora de la Facultat de Biblioteconomia i Documentaci\u00f3 (UB)<\/span><\/p>\n<div>\n<p class=\"text-align-justify\">&nbsp;<\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Sanch\u00eds, Ima. \u00abTeiichi Sato, vendedor de semillas\u00bb. <em>La Vanguardia, n<\/em>.\u00ba 48.338 (20.04.2016), p. 64. Disponible en: http:\/\/hemeroteca.lavanguardia.com\/preview\/2016\/04\/20\/pagina-64\/96828069\/pdf.html<\/p>\n<p class=\"rtejustify text-align-justify\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a>&nbsp;Este t\u00edtulo es de la autora de la rese\u00f1a, que lo ha dado para facilitar la ordenaci\u00f3n de sus comentarios.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marchamalo, Jes\u00fas. Tocar los libros. Nueva ed. ampl. 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