Entre la tinta y el algoritmo: pensar la edición en la era digital
Scolari, Carlos A.; Pozos Villanueva, Aída; Morales Gamboa, Rafael [et al.]. El mundo digital en la industria editorial [en línea]. Introd., Marina Cuéllar Martínez. Xalapa, México: Universidad Veracruzana, 2025. 122 p. (Trazos editoriales). Disponible en línea en: https://simehbucket.s3.amazonaws.com/miscfiles/9786072621930-el-mundo-digital_ld4qoto8.pdf. ISBN 978-607-2621-93-0.
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la industria editorial no puede entenderse únicamente como un avance tecnológico; constituye, ante todo, un fenómeno cultural, económico y simbólico de gran alcance. El mundo digital en la industria editorial (Universidad Veracruzana, 2025) es una obra colectiva que examina, desde múltiples perspectivas, las transformaciones que la IA ha introducido en el sector editorial contemporáneo. A diferencia de otros volúmenes centrados casi exclusivamente en los desarrollos técnicos, este libro se distingue por articular un análisis que integra historia de los medios, cultura digital, educación, prácticas profesionales y reflexión ética. Esta pluralidad constituye su principal fortaleza, aunque también genera tensiones internas que invitan a una lectura crítica y contextualizada.
Desde sus primeras páginas, el volumen se presenta como una reflexión coral sobre un sector en plena mutación. Reúne a investigadores, editores, diseñadores, especialistas en inteligencia artificial y diversos actores de la cadena del libro con el propósito de analizar cómo las tecnologías digitales –y, de manera particular, la IA– están reconfigurando las prácticas de creación, edición, distribución y lectura en el siglo XXI. Bajo este objetivo común, el libro despliega un mosaico de aproximaciones que transita entre lo técnico y lo humanístico, lo conceptual y lo práctico, ofreciendo un panorama amplio y pertinente tanto para profesionales del sector como para académicos y lectores interesados en la cultura digital contemporánea.
La obra se abre con una extensa entrevista a Carlos A. Scolari, que proporciona un sólido marco conceptual desde la perspectiva de la ecología de los medios. Scolari invita a comprender la inteligencia artificial no como una ruptura radical, sino como una fase más en la coevolución entre humanidad y tecnología. Señala con claridad que «cuando aparecen nuevas tecnologías […] reaparecen viejos miedos», recordando que toda innovación suscita expectativas, incertidumbres y temores sociales. Esta reflexión resulta especialmente relevante para contrarrestar los discursos alarmistas que suelen acompañar la irrupción de la IA. Al mismo tiempo, Scolari advierte que el contexto actual presenta rasgos inéditos: la velocidad de adopción y la masificación de las herramientas generan tensiones nuevas que exigen una atención ética y crítica renovada. Su lectura histórica de los cambios tecnológicos permite situar la IA dentro de un proceso de transformación cultural más amplio que desborda el ámbito estrictamente técnico. Del mismo modo que la imprenta reorganizó la producción textual, las herramientas automatizadas contemporáneas están reconfigurando las prácticas de lectura, escritura y circulación de contenidos, estableciendo una tensión productiva entre continuidad histórica y aceleración contemporánea. La entrevista funciona, así, como una entrada especialmente sólida al conjunto del volumen.
El capítulo de Rafael Morales Gamboa constituye el núcleo técnico-analítico de la obra. El autor explica con precisión que lo que hoy se denomina IA generativa es una rama de la inteligencia artificial capaz de producir textos, imágenes o sonidos a partir del análisis estadístico de grandes corpus de datos. Resulta particularmente acertada la distinción que establece entre la lectura humana –situada, hermenéutica y experiencial– y la lectura que realizan los modelos de lenguaje, basada en patrones de coocurrencia. Este contraste es fundamental para desmontar la idea, ampliamente difundida, de que los sistemas de IA comprenden el lenguaje de manera análoga a los seres humanos. Morales Gamboa profundiza en los mecanismos mediante los cuales los modelos de lenguaje procesan grandes volúmenes de texto para generar patrones lingüísticos que, solo de forma parcial, reproducen procesos cognitivos humanos. Los ejemplos que ofrece –desde la interpretación de una cita literaria hasta la recomendación de lecturas mediante ChatGPT– ilustran tanto la versatilidad como los riesgos de estas herramientas: pueden acompañar la lectura y la escritura, pero también reproducir sesgos y fomentar burbujas culturales. El capítulo combina rigor técnico y claridad expositiva, convirtiéndose en uno de los textos más equilibrados del volumen. No obstante, el análisis habría podido ampliarse incorporando una reflexión más profunda sobre las implicaciones epistemológicas de concebir la estadística como forma de producción de sentido, un debate central en los estudios contemporáneos sobre machine reading. Esta ampliación habría permitido situar la IA generativa no solo como herramienta operativa, sino como un actor que redefine las condiciones de producción, interpretación y circulación del conocimiento en el ámbito editorial.
Guillermo de Jesús Hoyos Rivera ofrece una mirada crítica frente a la creciente fascinación social por la inteligencia artificial. Señala que esta admiración se acompaña de un proceso de romantización mediante el cual se atribuyen a los modelos capacidades cognitivas que en realidad no poseen. Si bien reconoce los avances tecnológicos, subraya que muchas expectativas se construyen más a partir del entusiasmo mediático que de la realidad técnica. Su reflexión introduce un necesario contrapunto en un volumen que, en ocasiones, privilegia las oportunidades frente a los riesgos, recordando que la tecnología suele avanzar en ciclos de exageración y posterior desencanto. Hoyos Rivera enfatiza, además, la dificultad estructural de las máquinas para comprender la complejidad del lenguaje humano, una construcción simbólica profundamente anclada en la cultura y la experiencia. Aunque su diagnóstico resulta lúcido, el capítulo habría ganado densidad mediante un diálogo más explícito con debates internacionales sobre sesgos algorítmicos, economía política de los datos y concentración corporativa, cuestiones ampliamente abordadas en la bibliografía reciente pero escasamente presentes en el volumen.
La integración de la inteligencia artificial en el ámbito educativo constituye otro de los ejes centrales del libro, abordado por Alberto Ramírez Martinell. El autor subraya que la alfabetización digital no se limita a la adquisición de competencias técnicas, sino que implica también una comprensión ética, legal y cultural de las tecnologías. Ramírez Martinell insiste en la necesidad de formar estudiantes críticos frente a la IA, capaces de evaluar sus usos e implicaciones dentro del entorno educativo. Advierte, además, que la falta de alfabetización digital no solo refleja carencias técnicas, sino también un desconocimiento de los marcos normativos y éticos que regulan estas herramientas. Aunque el capítulo podría haber profundizado en la dimensión estructural de las desigualdades tecnológicas en contextos latinoamericanos, su aportación resulta especialmente valiosa al defender una educación que equilibre la incorporación de tecnologías con la formación crítica y reflexiva.
Carlos Rojas Urrutia examina el futuro del libro en un contexto marcado por la digitalización y la irrupción de la IA, evitando caer en discursos apocalípticos sobre la desaparición del impreso. Su análisis se centra en las transformaciones de la circulación, el acceso y la mediación de los contenidos, sin perder de vista el valor cultural e histórico del libro como objeto y como experiencia lectora. Rojas Urrutia sostiene que la digitalización no sustituye la práctica editorial tradicional, sino que abre nuevas posibilidades de complementariedad y expansión. Su capítulo contribuye a equilibrar el tono general de la obra, ofreciendo una perspectiva de optimismo crítico atenta a las tensiones entre tradición y transformación tecnológica.
Especialmente estimulante resulta el capítulo de Rodrigo Martínez Martínez, dedicado a la intersección entre diseño editorial e inteligencia artificial. El autor reconoce que estas tecnologías amplían los límites creativos del diseño, al ofrecer herramientas inéditas para la edición y la producción gráfica. Sin embargo, advierte del riesgo de homogeneización estética derivado del entrenamiento de los modelos sobre estilos visuales dominantes. Esta reflexión plantea una cuestión crucial: ¿qué sucede con la diversidad visual y la experimentación gráfica cuando los sistemas replican patrones hegemónicos? Aunque el capítulo introduce un debate de gran relevancia, este habría merecido un desarrollo más extenso dentro del conjunto del volumen.
Luis Castro Hernández aporta una perspectiva poco habitual al analizar el impacto de la IA en las librerías independientes. Su argumento central es que los algoritmos pueden convertirse en aliados estratégicos para la supervivencia y autonomía de estos espacios, siempre que se utilicen como herramientas de apoyo a la curaduría y no como sustitutos de la mediación humana. Este enfoque introduce un matiz socioeconómico relevante, al considerar cómo la tecnología puede fortalecer la selección y difusión de contenidos sin desplazar el trabajo crítico de los profesionales del libro. No obstante, el tono optimista del capítulo habría ganado profundidad mediante una reflexión más crítica sobre la precarización laboral y los efectos de la automatización en la cadena editorial.
El volumen se cierra con el capítulo de María Fernanda Mendoza Ochoa, dedicado a los desafíos jurídicos que plantea la inteligencia artificial en relación con el derecho de autor. Su análisis pone de relieve cómo estas tecnologías tensionan nociones fundamentales como autoría, originalidad e intención creativa, y subraya que la regulación no puede limitarse a respuestas inmediatas o simplificadoras. Mendoza Ochoa advierte del riesgo de legislaciones apresuradas que produzcan marcos ambiguos y fragmentarios. Aunque su contribución resulta adecuada como cierre del libro, habría sido deseable incorporar una comparación sistemática con marcos legales de otros países, teniendo en cuenta el carácter transnacional de la industria editorial.
Desde una perspectiva crítica, la diversidad de voces y enfoques que caracteriza El mundo digital en la industria editorial, si bien enriquecedora, genera una cierta desigualdad en la profundidad analítica de los capítulos. Algunos textos ofrecen desarrollos conceptuales y técnicos sólidos, mientras que otros se apoyan más en la reflexión personal o testimonial. Esta heterogeneidad, sin embargo, no debilita necesariamente la obra, sino que refleja la complejidad real del sector editorial y permite múltiples puntos de entrada para lectores con perfiles diversos.
En términos académicos, el volumen establece un diálogo fértil entre teoría de la comunicación, estudios editoriales, alfabetización digital y ética tecnológica. La noción de ecosistema mediático, junto con las metáforas ecoevolutivas propuestas por Scolari, ofrece un marco conceptual adecuado para comprender la complejidad de la transición digital. La explicación técnica de los modelos de lenguaje, la discusión sobre la autoría y los dilemas legales configuran un mapa de problemáticas que resultará útil para futuras investigaciones en humanidades digitales y estudios del libro.
En conjunto, la obra cumple su objetivo principal: abrir un espacio de reflexión informado, equilibrado y pertinente sobre el papel de la inteligencia artificial en el mundo del libro. No aspira a ofrecer soluciones cerradas, sino a formular preguntas necesarias y a proponer líneas de pensamiento. En un contexto en el que la tecnología avanza más rápido que la capacidad institucional para regularla o comprenderla, el volumen actúa como una brújula: no traza un camino único, pero ilumina el terreno que se está recorriendo.
Su principal aportación radica en mostrar que la IA no es un fenómeno exclusivamente técnico, sino también cultural, económico y simbólico. No obstante, como obra académica, presenta limitaciones evidentes: la ausencia de un hilo conductor más explícito entre capítulos, la escasez de estudios de caso empíricos y la falta de un marco comparativo internacional que permita situar los procesos descritos dentro de dinámicas globales. Esta carencia resulta especialmente significativa si se tiene en cuenta que el sector editorial está profundamente transnacionalizado. Las transformaciones digitales responden a lógicas macroeconómicas y tecnológicas que trascienden los contextos locales.
Asimismo, el volumen podría haber profundizado en la dimensión epistemológica de la lectura. La distinción entre lectura humana y lectura algorítmica planteada por Morales Gamboa abre un debate que apenas se esboza: ¿qué ontología del texto emerge cuando ambos modos de lectura coexisten? ¿Qué implicaciones tiene esta coexistencia para la autoría, la crítica literaria y la mediación editorial?
Aunque la obra mantiene un optimismo moderado respecto al futuro del libro, tiende a subestimar la crisis estructural que atraviesa el sector ante la creciente automatización. La IA no solo complementa tareas editoriales, sino que está desplazando funciones tradicionalmente desempeñadas por profesionales humanos. La ausencia de un análisis más explícito sobre la precarización laboral y la reconfiguración del trabajo creativo deja sin explorar uno de los debates más urgentes del campo.
En definitiva, El mundo digital en la industria editorial es un libro necesario, aunque no suficiente. Abre interrogantes fundamentales, pero no siempre las lleva hasta sus últimas consecuencias. Su valor reside en mostrar la amplitud del problema; su límite, en no confrontar de manera más directa los pilares económicos, políticos y epistemológicos que sostienen la actual «revolución» de la inteligencia artificial en la cadena del libro.
La ecología mediática que recorre la obra permite comprender la IA como parte de un ecosistema en transformación; sin embargo, apenas se reconoce que este sector ya no está gobernado únicamente por actores tradicionales, sino por infraestructuras corporativas globales cuyo funcionamiento se escapa en gran medida al control de editoriales, académicos y legisladores. Se señalan riesgos, pero rara vez se profundiza en el hecho de que la edición, como forma histórica de organización del conocimiento, está siendo subsumida por lógicas algorítmicas orientadas a la optimización de la atención y la extracción de datos.
Es en este punto donde el libro se queda corto: la IA no solo reconfigura procesos, sino que desplaza marcos enteros de legitimidad, autoridad y producción cultural. Mientras varios capítulos celebran su potencial creativo, económico o educativo, se evita cuestionar la fragilidad estructural de un sector que depende, quizá por primera vez, de infraestructuras tecnológicas ajenas a su tradición institucional. En este sentido, la obra funciona como un testimonio honesto del desconcierto contemporáneo, pero también como una radiografía parcial de una transformación mucho más profunda.
Aun con estas limitaciones, el libro merece una lectura atenta. No ofrece respuestas definitivas, pero expone vacíos que la investigación crítica deberá comenzar a llenar. Si el sistema editorial aspira a conservar relevancia cultural y autonomía intelectual en la era de la inteligencia artificial, necesitará algo más que adaptarse a nuevas herramientas: deberá repensarse en su conjunto. Ese debate, todavía pendiente, es el que este volumen invita –aunque de forma todavía tímida– a emprender.
Dra. Marta Magadán-Díaz
Profesora Titular de Universidad
Universidad Internacional de La Rioja
https://orcid.org/0000-0003-3178-3215
Aquesta ressenya es publica conjuntament amb Blok de BiD.
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