Una lectura propia
Woolf, Virginia. ¿Cómo debería leerse un libro? Trad., Camila Ramírez Cuervo; ilus., Ji Hyun Yu. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2025. 47 p. ISBN 979-13-990470-1-1. 14,90 €.
En 1932 se publicó por primera vez El lector común, como resultado de una charla que Virginia Woolf dio seis años antes a alumnas de un colegio privado del condado de Kent, en Inglaterra. Hoy, Libros del Zorro Rojo nos ofrece una edición sumamente cuidada bajo un nuevo título, ¿Cómo debería leerse un libro?, acompañada de las hermosas ilustraciones de Ji Hyun Yu.
El título parece anunciar fórmulas para aprender a leer mejor; sin embargo, el único consejo que la escritora nos ofrece es no aceptar ningún consejo, pues la independencia es el atributo más importante de todo lector. Desde este planteamiento inicial, Woolf reivindica la libertad de leer por placer y de elegir las lecturas sin prejuicios ni imposiciones externas.
No obstante, el texto deja entrever ciertos sesgos: la escritora británica prioriza la narrativa frente a otros géneros, al considerarla el arte más difícil y complejo que exige un lector audaz. Según Woolf, la narrativa es capaz de escrutar los aspectos más sutiles de la naturaleza humana, aunque advierte que solo los grandes artistas pueden lograrlo. Cabe preguntarse, entonces, qué entiende Woolf por «gran artista» y hasta qué punto esta noción no responde a una concepción marcadamente elitista, incluso etnocéntrica.
Quizás lo más interesante del texto sea la propuesta de un proceso lector articulado en dos momentos: en primer lugar, la apertura de la mente para acoger las impresiones que el texto ofrece; en segundo, la elaboración de un juicio propio, al margen de la crítica, a la que solo conviene acudir con preguntas surgidas de la experiencia personal. Entre ambos pasos, resulta indispensable esperar «a que el polvo de la lectura se asiente», pues solo desde la distancia es posible emitir un juicio verdaderamente reflexivo y crítico.
Si bien la autora considera que es casi imposible realizar un gran aporte a la crítica, aun así defiende la responsabilidad del lector, porque los escritores ‒y escritoras, como ella‒ necesitan de esa otra crítica que lee por placer y que, a fuerza de leer, ha afinado su sensibilidad hasta ser capaz de juzgar con severidad. Esos críticos «comunes» solo necesitan como recompensa una nueva lectura, y en ello reside su independencia y autenticidad.
Al texto, breve pero denso, de Virginia Woolf lo acompañan las ilustraciones de la surcoreana Ji Hyun Yu. A dos tintas ‒amarillo y negro‒, las imágenes están cargadas de simbolismo: los libros inundan los espacios, el ser y el libro se funden, y los límites entre ambos se desdibujan.
Evelyn Aixalà
Escritora y experta en mediación a la lectura
Artícles
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